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Joaquin torres gay


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Lidiar con el ego de los famosos, de los triunfadores, es muy complicado. Una humildad y una sencillez que me hacían dudar incluso de que fuera real. Me sobrecogía esa manera tan normal que tenía de conducirse, teniendo como tenía ese éxito arrollador.

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El me dijo una vez algo que me dejó perplejo y era que, si él tuviera que repetir la aventura de Zara, no le saldría. Me parecía alucinante que alguien cuyo caso se estudia en Harvard y en las mejores escuelas de negocios del mundo hablara así, con esa humildad.

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Yo me quedaba perplejo de aquella normalidad. Y no se me oculta que él ha sido una persona muy dura, que ha tenido que tomar decisiones empresariales con respecto a personas muy difíciles. Pues mire: Hay que tener en cuenta que ellos salen a la calle y la gente les convierte en ídolos. Y aunque estas personas traten de tomar distancia, llega un momento en el que se lo creen. Y eso hace que las cosas sean complicadas con ellos. En su caso, la complejidad estaba en su obsesión por mantener el anonimato y la discreción en torno a hechos como que se estaban haciendo una casa o iban a tener un hijo.

Pero no se podían poner medios para que todo eso no saliera a la luz. Todo esto hacía muy difícil mi trabajo. Para hacer una oficina, puedes dudar, pero para hacer tu casa no. El cliente tiene que decirme lo que quiere, cómo vive en su intimidad. Si no me lo cuenta o no confía en mí, es imposible.

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Este estuve a punto. No lo hice porque Penélope me lo pidió. Pero me negué en aquel momento… a Figo y a los Beckham les dije que no, por ejemplo. Acabé muy cansado. Me sentí agotado.

JOAQUÍN TORRES

Sé que a Zidane no le di lo que él esperaba y tampoco yo le di lo que hubiera podido… fue un proyecto incompleto. Luego él ha matizado esto y ha dicho que quedó encantado, pero estoy convencido de que se equivocó él de arquitecto y yo de cliente. La estética que él tenía en su cabeza no encajaba con lo que yo hacía. Y yo le explicaba que sí, que técnicamente yo podía, pero que mis herramientas son muy determinadas porque yo huyo de la simetría, o de una serie de pautas que tal vez otros arquitectos hubieran culminado mejor.

Mi vida sentimental ha sido muy complicada. He accedido muy tarde a mi homosexualidad. La arquitectura residencial es tremendamente personal. Y yo era consciente de que había mucha gente que me encargaba su casa porque le daba seguridad la marca Joaquín Torres, aunque muchos no supieran exactamente lo que yo hacía.

Mi arquitectura es sin duda moderna, con líneas muy limpias y basada en el mundo del arte moderno. Siempre he pensado que, si un arquitecto se basa formalmente en la obra de Oteiza o de Chillida, escultores que me apasionan, todo se simplifica muchísimo. Por eso es también muy funcional.

La sorprendente transformación de Joaquín Torres en tres meses | loc | EL MUNDO

Ese binomio, a mí, me ha funcionado. A mi la televisión me parecía un mundo inaccesible. El resultado era la vida de un rico, superficial, contrapuesto con otras que no tenían nada que ver. Y en aquel momento dije que no volvía a hacer nada de aquello. Pero después surgió la idea de hacer algo relacionado específicamente con la arquitectura; un programa de casas que funcionó muy bien.

Tanto que luego se ha repetido muchas veces. Caí allí como un favor a una amiga, aunque luego me sedujo todo aquel mundo, Jorge Javier me pareció un tío muy brillante y me reía y me lo pasaba bien. Estuve tres años, con muchos comentarios de gente que me decía que aquello me perjudicaba.

Ahora, con perspectiva, reconozco que no sé si me benefició mucho. Pues, creo que sí. Di de mí mismo una imagen que no me benefició. Cualquiera quiere su privacidad y yo enseñaba muchas casas.

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Siempre con el permiso del propietario, por supuesto. Pero le gente pensó que yo iba a mostrar mi trabajo sí o sí. Es verdad que hubo muchos empresarios como Amancio o Entrecanales que me dijeron que no. Y lo entendí, perfectamente. Yo había cobrado mis honorarios y después pedía un favor porque para mí era importante enseñar mi trabajo, pero entendía perfectamente la reserva. Otros sí me dejaron. Pero como digo, aquello hizo que muchos clientes potenciales luego me hayan reconocido que no me hicieron encargos por temor a que luego lo enseñara.

O, al menos, no a hacer ese tipo de televisión. La televisión no es mi profesión sino un instrumento para dar a conocer mi trabajo. Pero es difícil sustraerse porque es un medio en el que te pagan bien y te seducen, y eso engancha. El amor es lo que todos los seres humanos anhelamos y buscamos. Es la base que mueve el mundo, en general, y el mío en particular. El amor por una persona y el amor por la arquitectura. El amor es vital.

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Si no lo sentimos hay que buscarlo. Muy complicada. Yo estaba casado con una mujer, con Mercedes, que era mi novia de la universidad y, aunque siempre he sido muy honesto con ella, no podía ser honesto completamente porque no lo era conmigo mismo. Se dijo, en su momento, que todo obedecía a un enfado del arquitecto al escuchar cómo le criticaban en la Asamblea Fashion de Cazamariposas.


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  • Sin embargo, da la sensación de que optó por retirarse para solucionar algunos temas delicados, como su separación matrimonial. Durante once años, Joaquín estuvo casado con la pintora Mercedes Rodríguez , madre de sus dos hijos. Una publicación compartida de raulprietogil el Ene 20, at Sin embargo, decidieron dar un paso adelante cuando por las redacciones empezaron a pulular fotografías de ambos disfrutando de su mutua compañía. En aquellos días, Torres todavía estaba casado y Prieto no quería dar que hablar.

    Asistieron al evento, posaron juntos y no tuvieron problema alguno en hablar de su relación. En una aparece en una piscina bajo la siguiente leyenda: En la otra, posa junto a su chico y escribe: Y nosotros que nos alegramos.